Erradicar el trabajo infantil en las cadenas de suministro es tarea de todos

Es evidente que el trabajo infantil no tiene cabida en mercados con un buen funcionamiento y debidamente reglamentados. Sin embargo, hoy por hoy, el trabajo infantil continúa muy difundido en las cadenas de suministro.

Es inaceptable que todavía haya 168 millones de niños que participan en distintas formas de trabajo infantil, y que 85 millones de ellos realicen trabajos peligrosos. El trabajo infantil está presente en sectores que van desde la agricultura (99 millones de niños) hasta la minería, pasando por las industrias manufactureras, el turismo, la producción de bienes y la prestación de servicios que a diario consumen o utilizan millones de personas. 

El trabajo infantil está presente fundamentalmente en el sector rural y en la economía informal, que quedan al margen de las actividades de inspección del trabajo, la protección que brindan las organizaciones de trabajadores y los beneficios que en materia de gobernanza ofrecen las organizaciones de empleadores y de productores.

El riesgo de que se recurra al trabajo infantil en las cadenas de suministro no aumenta solo por la falta de protección institucional en el sector rural y la economía informal; en la producción en el hogar y en las explotaciones agrícolas familiares es frecuente que los niños sean muy vulnerables porque los ingresos de sus padres resultan insuficientes o bien porque las empresas o las explotaciones agrícolas de las familias no pueden permitirse prescindir del trabajo infantil mediante la contratación de adultos o jóvenes. El trabajo a destajo redunda en un aumento del riesgo de que los niños deban trabajar para ayudar a sus padres a cumplir los cupos de producción o para garantizar la subsistencia de las familias cuando los padres no ganan un salario mínimo vital.

Aunque las cadenas mundiales de suministro pueden ofrecer oportunidades de desarrollo inclusivo a las empresas proveedoras, los trabajadores y los países en los que realizan sus actividades, se necesitan medidas específicas para lograr resultados justos.

Más allá de trabajo infantil en las cadenas de suministro más conocidas en todo el mundo, muchos niños que trabajan también se encuentran en cadenas de suministro cuya producción se destina al consumo local y nacional, por lo que no debe ignorarse a estos niños.

Hay indicios alentadores de que existe la voluntad de actuar para impedir el trabajo infantil y lograr una transparencia y una visibilidad mayores en todos los elementos que componen las cadenas de suministro, así como una aplicación más eficaz de la legislación pertinente.

El Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138)  de la OIT ha sido ratificado por 168 Estados Miembros y el Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182) , por 180, lo que representa casi la ratificación universal de este instrumento.

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